ULTIMO DISCURSO DE EVA PERON

“Estuve con ella, murió con una sonrisa“ Fue una de las pocas personas que permaneció a su lado hasta el final. Sin embargo, para María Eugenia Álvarez no fue justamente un privilegio. Sino un vacío indeleble. Escuchar a Evita diciendo una y otra vez “soy demasiado chiquita para tanto dolor“ y verla yéndose con una sonrisa, son recuerdos que aún hoy la conmueven. La conoció primero en el Hospital Rivadavia, cuando Evita se acercó a visitar a las personas de la Fundación que estaban internadas, después de sufrir un accidente aéreo, de regreso de una misión en Ecuador. Le pareció una mujer “rápida e inteligente, con una capacidad increíble para captar las situaciones y los problemas de la gente. Un poco psicóloga, porque miraba a la persona y sabía lo que pasaba“, detalló. Más tarde, ese primer vínculo se transformó en uno mucho más estrecho. Es que María Eugenia tuvo que cuidar de Evita, después de la operación de apéndice que le practicaron en el Instituto del Diagnóstico; y cuando le dieron el alta, siguió cuidándola en la residencia. Ahí empezó a conocerla. “Si bien era muy exigente con su trabajo, nunca dejaba de ser amable, porque, por sobre todas las cosas, era un ser humano sumamente sensible“, recordó. “Sufría pensando en sus obreros, en los ancianos, en los niños. Por su dolor no se quejaba. Era muy estoica, a pesar de estar dolorida seguía planeando y trabajando, siempre pensando en el futuro de la Patria. Decía que no le iba a alcanzar el tiempo.“ Y no le alcanzó. En una entrevista con la revista Siete días, María Eugenia contó cómo fueron esas horas finales: “Siempre la acompañaba su mamá, sus hermanas, su hermano, los médicos y, por supuesto, el General. ’Tengo que estar linda para mis obreros, quiero que me vean bien’, dijo muchas veces. Le gustaba leer, escuchar música, las flores, los animales. Como enfermera se me había muerto un paciente, pero además se moría un ser humano extraordinario, el que yo había aprendido a querer. Siguió luchando hasta el último momento que Dios dispuso. Murió con una sonrisa, porque en su cara siempre había una sonrisa.“
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